Espasticidad: Causas e Intervención

¿Qué es la espasticidad?

También llamada tensión inusual o aumento del tono muscular, la espasticidad es una alteración del sistema nervioso central que dificulta o imposibilita, parcial o totalmente, el movimiento en diferentes partes del cuerpo.

Es una tensión exagerada que afecta a un músculo en ausencia de contracción voluntaria y que provoca tensión y rigidez.

La espasticidad varía desde un signo neurológico sutil, hasta un aumento muy marcado del tono muscular, que llega a provocar la inmovilidad de las articulaciones. Esta alteración está asociada a múltiples enfermedades y discapacidades neurológicas.

Este trastorno conlleva, por un lado, un aumento de las necesidades de atención del paciente y la utilización de los recursos sanitarios; y por otro, genera en los cuidadores de los pacientes con espasticidad una mayor propensión a padecer ansiedad y depresión.

Causas

La espasticidad se define como un “proceso” que puede ser generado por múltiples causas. Surge como consecuencia de una lesión que afecta a las vías que ejercen el control del movimiento. Estas vías de información conducen las ordenes de activación o inhibición del movimiento desde la corteza cerebral, hasta contactar con las neuronas motoras espinales.

La interrupción o cese de este circuito provoca una desinhibición de los reflejos espinales y, con ello la aparición de la espasticidad.

La gravedad o el patrón clínico generado dependerá de la localización, extensión y del momento en el que se dio la lesión. La espasticidad puede afectar a un grupo muscular, a todo el hemicuerpo, a los miembros inferiores o a todas las extremidades.

 

 

¿A quién afecta la espasticidad?

Afecta a hombre y mujeres por igual, sin importar la edad. Esta alteración está presente en muchas patologías y discapacidades congénitas, adquiridas y/o neurodegenerativas, como:

Al afectar a muchos colectivos de personas con diferentes patologías de base, se estima que hoy día 12 millones de personas en todo el mundo padecen esta alteración; presentándose con más asiduidad en la parálisis cerebral y la esclerosis múltiple.

Tipologías

Se pueden distinguir dos tipos de espasticidad:

  • Estática: el tono muscular elevado aparece de forma independiente a la actividad muscular, y en cualquier posición.
  • Dinámicas: la rigidez se genera exclusivamente en determinas situaciones.

 

Síntomas y consecuencias de la espasticidad

La espasticidad produce hipertonía muscular y un incremento de la resistencia al estiramiento, lo que da como resultado que los músculos se mantengan continuamente contraídos.

Esta alteración se manifiesta en cualquier grupo muscular, aunque es los músculos de las extremidades donde más se da la espasticidad.

Algunos de los síntomas más comunes son:

  • Debilidad muscular generalizada
  • Pérdida de destreza en los dedos, y en el control selectivo de movimiento
  • Postura anormal; ángulos anormales en hombros, brazos, muñecas y dedos
  • Tensión muscular durante la actividad
  • Contracturas musculares que reducen el grado de movimiento y/o paralizan articulaciones
  • Movimientos espasmódicos repentino, repetitivos e involuntarios
  • Dolor muscular y articulas

 

 

Intervención en la espasticidad

El tratamiento de la espasticidad ha de realizarse de forma individual, teniendo siempre presente las expectativas y capacidades del paciente y su familia. El equipo multidisciplinar ha de plantear objetivos realistas, reduciendo el impacto en los pacientes y evitando complicaciones secundarias.

Algunos de los objetivos que se ha de plantear el equipo de especialistas son:

  • Reducir los síntomas y alivio del dolor
  • Evitar las complicaciones
  • Mejorar la funcionalidad
  • Mejorar la comodidad del paciente
  • Trabajar en su calidad de vida
  • Facilitar la labor al cuidador
  • Mejorar la imagen corporal y la autoestima

 

El equipo que lleva a cabo el tratamiento en la espasticidad suele estar formado por: un neurólogo o neuropediatra, médico rehabilitador, fisioterapeuta, terapeuta ocupacional, neuropsicólogo y psicólogo.

Tratamiento farmacológico

Los fármacos utilizados son los antiespásticos de uso oral, como el baclofeno, benzodiacepinas, dantroleno o tizanidina. Es un tratamiento efectivo, aunque presenta efectos secundarios, como somnolencia, náuseas o fatiga.

El uso de la toxina botulínica en la espasticidad, junto con terapia física y ocupacional, es la estrategia ideal de primera elección para la espasticidad local y los problemas focales de la espasticidad generalizada.

Intervención quirúrgica

Cuando la espasticidad no mejora tras un tratamiento rehabilitador, o con farmacología, se aplica un tratamiento quirúrgico.

La más conocida es la Bomba de Baclofeno. Consiste en una intervención mínimamente invasiva que coloca una pequeña bomba en la zona abdominal que libera un fármaco en la médula espinal.

Con ello se consigue dirigir la medicación hacia los músculos afectados, con dosis más pequeñas y controladas.

Tratamiento No farmacológico y Rehabilitador

El tratamiento rehabilitador es fundamental en cualquier variante de espasticidad, desde su inicio y durante todas las etapas de esta afección. Esta intervención está sujeta a un cambio y adaptación constante, siguiendo los cambios conseguidos en el paciente.

 

 

Fisioterapia de la espasticidad

El tratamiento fisioterapéutico se debe iniciar cuanto antes con el fin de prevenir complicaciones o disminuir la intensidad de la espasticidad. Algunas de las técnicas que usar los fisioterapeutas son:

  • Tratamiento postural: ayuda a evitar las retracciones articulares que aparecen a casusa de la espasticidad.
  • Cinesiterapia: previene las rigideces articulares y deformidades ortopédicas; y contribuye a la disminución de la espasticidad. Se divide en:
    • Movilizaciones articulares
    • Estiramientos de la musculatura espástica
    • Técnicas de facilitación neuromuscular
  • Equilibrio y marcha: el entrenamiento del patrón de marcha tiene beneficios en la reeducación del mecanismo de marcha del paciente espástico.
  • Crioterapia: la estimulación de los termoreceptores puede inhibir las neuronas que desencadenan espasticidad.
  • Electroestimulación: las más conocidas son la estimulación eléctrica funcional, la repetida, y la estimulación nerviosa transcutánea.
  • Biorregulación (biofeedback): se busca el control voluntario consciente de la espasticidad. Por medio de unos electrodos en los músculos a controlar, y con una fuente de información visual o auditiva, el paciente va reconociendo el movimiento útil.
  • Hidroterapia: tiene un efecto beneficioso objetivo y subjetivo, facilitando la rehabilitación de los movimientos coordinados.

El uso de férulas, ortesis y ayudas técnicas, aplicadas junto con las terapias físicas, permiten mantener la posición y el estiramiento de los músculos espásticos. Hay que educar al paciente y al cuidador para que respeten el tratamiento y aconsejarles sobre el nivel de actividad que pueden realizar.

 

En Nepsa Rehabilitación Neurológica contamos con profesionales del ámbito de la neurología, la neuropsicología, la fisioterapia y la terapia ocupacional que pueden ayudar a las personas que padecen espasticidad, a llevar a cabo una óptima rehabilitación.

 

 

Referencias:

  • García Díez, E. (2004). Fisioterapia de la espasticidad: técnicas y métodos. Fisioterapia, 26(1), 25-35.
  • Sivaraman Nair, K., & Marsde, J. (2014). ¿Qué es la espasticidad?Obtenido de intramed: https://www.intramed.net/contenidover.asp?contenidoid=84985
  • Sunrise Medical. (2017). La espasticidad: un trastorno multidisciplinar. Obtenido de sunrisemedical: https://www.sunrisemedical.es/blog/espasticidad
  • Tecglen García, C. (2014). Guía para las personas que conviven con la espasticidad.Madrid: Universidad Nacional de Educación a Distancia.
  • Vivancos-Matellano, F., Pascual-Pascual , S., Nardi-Vilardaga, J., Miquel-Rodríguez, F., de Miguel-León, I., Martínez-Garre, M.-C., . . . Aguilar-Barberà, M. (2007). Guía del tratamiento integral de la espasticidad. REV NEUROL, 45(6), 365-375.
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