Neuralgia del trigémino

La neuralgia del trigémino es un trastorno del nervio trigémino que provoca episodios de intenso dolor en los ojos, orejas, labios, nariz, cuero cabelludo, frente, mejillas, boca, mandíbula y el lado de la cara. Es conocida también como prosopalgia, tic doloroso, enfermedad suicida o enfermedad de Fothergill. 

¿Cuál es el nervio trigémino?

El nervio trigémino o quinto par craneal, es un nervio mixto. Esto quiere decir que tiene parte sensitiva y parte motora. Entre sus funciones, transporta impulsos como sensaciones táctiles, dolor y sensaciones de la lengua, nariz y dientes, entre otros. Éste, tiene tres ramas principales:

  • Nervio oftálmico
  • Nervio maxilar
  • Mandibular
Nervio trigémino en color amarillo.

¿Qué es la neuralgia del trigémino?

La neuralgia es el dolor intenso que sigue la ruta del nervio, en este caso, el nervio trigémino. En la mayoría de casos ocurre de forma imprevista y sin una causa relacionada. Pero, en ocasiones ocurre como consecuencia de la irritación o comprensión del nervio. 

Es muy frecuente que, pacientes con esclerosis múltiple, desarrollen neuralgia del trigémino y es considerada la aflicción más dolorosa. 

Síntomas frecuentes

Los episodios que provoca suelen ser intensos y recurrentes y, comúnmente, se asemeja a una descarga eléctrica. Puede durar entre un segundo y dos minutos y, generalmente, afecta a un solo lado de la cara. Aunque el dolor es espontáneo, se activan unos estímulos táctiles y términos que pueden afectar a la masticación, el habla, el cepillado de dientes o la ingesta de alimentos. En estos momentos, la persona identifica un dolor agudo y punzante. 

En el 3-5% de los casos, el dolor es bilateral. Esto quiere decir que ambos nervios trigéminos están alterados y, en consecuencia, el dolor se percibe en ambos lados de la cara.

Diagnóstico y tratamiento 

El diagnóstico de la neuralgia del trigémino se realiza, fundamentalmente, según la observación de los síntomas. Se explora la localización del dolor, el inicio, los posibles desencadenantes o los intervalos de remisión. 

Por otro lado, se hacen estudios de neuroimagen como la resonancia magnética, que permite observar el funcionamiento y flujo de los vasos sanguíneos sobre el nervio trigémino. 

En cuanto a los tratamientos, el más conocido es el farmacológico, para reducir o tratar de controlar el dolor. Desafortudamente, no siempre es eficaz. Por ello, existen otros tratamientos de cirugía como la descomprensión microvascular y la termocoagulación retrogasseriana

Referencias bibliográficas

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