La esquizofrenia

¿Qué es la esquizofrenia y la psicosis?

La esquizofrenia es un trastorno mental que se encuentra en el grupo de los trastornos psicóticos. Las personas que padecen esta enfermedad pueden presentar una grave distorsión en el pensamiento, la percepción y las emociones, y,  manifiestan una pérdida de contacto con la realidad y alucinaciones.

Estos sujetos también presentan otro tipo de sintomatología como los delirios, ideas extrañas que no se ajustan a la realidad o al consenso social. Sus emociones se ven afectadas con pérdida de hábitos e interés, aislamiento social, depresión y/o irritabilidad.

Cada persona que desarrolla esta enfermedad tendrá su propia combinación de síntomas y experiencias, que variarán en función de sus circunstancias particulares.

Epidemiología

La psicosis es una enfermedad mental relativamente común, siendo la esquizofrenia la forma más frecuente y grave del trastorno psicótico. Estudios recientes sitúan la tasa de incidencia de la esquizofrenia en 9,4 por cada 100.000 habitantes. Siendo más frecuente en hombres que en mujeres.

El inicio de la enfermedad se suele producir durante la adolescencia o al inicio de la edad adulta, entre los 15 y 30 años. En los hombres parece que empieza a una edad más precoz.

Causas y factores de riesgo

Hoy día se desconoce la causa por la que aparece la esquizofrenia, pero la comunidad científica tiene indicios de que puede tratarse de una combinación de factores genéticos y ambientales, los cuales crean un estado de vulnerabilidad en la persona y una predisposición a desarrollar este trastorno.

Aun así, no se conoce cómo estos factores interaccionan entre sí para causar este trastorno.

  • Factores genéticos: tener un familiar cercano con psicosis o esquizofrenia es el mayor factor de riesgo para desarrollar este trastorno. El riego genético también puede ser debido a anomalías genéticas poco frecuentes como la supresión o duplicación de genes.
  • Factores biológicos: complicaciones antes o durante el parto, el consumo de cannabis, padres con edad avanzada, la estacionalidad del nacimiento, y, la exposición al parásito toxoplasma gondii.
  • Factores psicosociales: nacer en zonas urbanas y vivir en las ciudades, adversidad en la infancias y en la edad adulta, vivir en zonas desfavorecidas, sufrir abuso sexual, físico y emocional; la inmigración.

 

Signos y síntomas de la esquizofrenia

La sintomatología de la esquizofrenia afecta principalmente al contenido del pensamiento y a la conducta, variando de una persona a otra.

Síntomas positivos

Se les llama “positivos” porque son comportamientos adicionales que generalmente no se ven en personas sanas. Según la persona estos síntomas pueden ir apareciendo o desapareciendo con el tiempo, o se pueden estabilizar. Su gravedad también depende del caso. Estos síntomas incluyen:

  • Alucinaciones: percepciones sensoriales que no son reales. Las más comunes son las auditivas, aunque se pueden producir en cualquiera de los cinco sentidos.
  • Delirios: creencias irracionales y falsas fuertemente arraigadas que se deben a la incapacidad de separar las experiencias reales de las irreales.
  • Trastornos del pensamiento: realizar asociaciones desorganizadas, conclusiones que no se basan en la realidad, o, falta de razonamiento lógico.
  • Trastornos del movimiento: presencia de movimientos corporales anormales. Puede presentarse con estereotipias, y/o catatonia.

Síntomas negativos

Síntomas que muestran un empobrecimiento de la personalidad del paciente principalmente en su estado anímico y en sus relaciones sociales. La presencia de estos síntomas puede conllevar que la persona necesite ayuda con las tareas diarias.

  • Falta de interés o iniciativa: pasar mucho tiempo en la cama sin motivación.
  • Retraimiento social o depresión: estos pacientes dan la impresión de que prefieren estar solas y no quieren ver a nadie.
  • Apatía: experimentan un sentimiento de vacío, y se ven incapaces de seguir los planes o seguir una actividad.
  • Falta de respuesta emocional: ausencia de los signos habituales de emoción, no sienten ni alegría ni tristeza por nada. Su expresión facial es muy reducida.

Síntomas cognitivos

No son fáciles de detectar, pero pueden dificultar que la persona mantenga un trabajo o se cuide. Constituyen una merma en la atención, la memoria, y la concentración. Incluyen:

  • Dificultad para procesar información para la toma de decisiones
  • Problemas para usar información después de aprenderla
  • Dificultad para prestar atención

Fases de la esquizofrenia

Fase precoz: psicosis incipiente

Antes de la aparición de los síntomas psicóticos, con suficiente gravedad y persistencia para realizar el diagnostico, la mayoría de personas presentan un periodo prolongado de síntomas y discapacidad crecientes. Caracterizado por un cambio en las experiencias subjetivas y en el comportamiento, junto con una ligera presencia de síntomas positivos.

Primer episodio psicótico

Del estado anterior surgen la variedad de síntomas positivos que hacen que el paciente pierda el contacto definitivo con la realidad; aquí puede volverse peligro para sí mismo como para los demás.

Fase de estabilización o postcrisis

Conocida como esquizofrenia residual. Tras el brote psicótico y la puesta en marcha del tratamiento los síntomas positivos se reducen en su mayoría, tras ello, aparecen los síntomas negativos en diferentes grados.

 

 

Tratamiento de la esquizofrenia

El abordaje de la esquizofrenia es integral, se lleva a cabo combinado el tratamiento farmacológico y las terapias psicosociales.

Es importante recibir ayuda lo antes posible para así poder poner en marcha el plan de tratamiento lo antes posible. En él tanto el enfermo como si familia y entorno participaran activamente.

Farmacológico

Los antipsicóticos son la medicación principal, disminuyendo la sintomatología positiva y previniendo las posibles recaídas. También se utilizan diferentes medicaciones para estabilizar el estado de ánimo y para corregir efectos adversos.

Tratamientos Psicosociales

Con ellos se pretende ayudar a los pacientes a enfrentarse a las situaciones de estrés, reforzando su adaptación y funcionamiento social, y procurando conseguir la mejora calidad de vida posible.

La elección de un tipo de terapia u otro dependerá tanto de la persona afectada como de los recursos existentes en ese momento. Algunos de ellos son:

  • Educación familiar
  • Habilidades para el manejo de la enfermedad y adhesión al tratamiento
  • Terapia cognitivo conductual
  • Rehabilitación cognitiva
  • Grupos de autoayuda
  • Formación en habilidades sociales

 

No hay que olvidar que las intervenciones también van dirigidas a las familias y al entorno del paciente para ayudarles a entender el trastorno y el efecto que este tiene en algunas conductas.

 

En Nepsa Rehabilitación Neurológica contamos con profesionales del ámbito de la psicología, la neuropsicologíaterapia ocupacional que pueden ayudar a las personas con este tipo de enfermedad.

 

Referencias

  • García-Herrera Pérez-Bryan, J., Hurtado Lara, M., Quemada González, C., Nogueras Morillas, E., Bordallo Aragón, A., Martín García , C., . . . Morales Asencio, J. (2019). Guía de práctica clínica para el tratamiento de la psicosis y la esquiofrenia. Manejo en atención primaria y en salud mental. Plan integral de salud mental. Sevilla: Servicio Andaluz de Salud.
  • Instituto Nacional de la Salud Mental (NIMH). (2017). La esquizofrenia. NIH.
  • Grupo de Trabajo de la Guía de Práctica Clínica sobre la Esquizofrenia y el Trastorno Psicótico Incipiente. Convivir con la esquizofrenia. Guía dirigida a personas afectadas por la esquizofrenia. Madrid: Plan de Calidad para el Sistema Nacional de Salud del Ministerio de Sanidad y Consumo. Agència d’Avaluació de Tecnologia i Recerca Mèdiques; 2009.
  • Grupo de trabajo de la Guía de Práctica Clínica sobre la Esquizofrenia y el Trastorno Psicótico Incipiente. Fòrum de Salut Mental, coordinación. Guía de Práctica Clínica sobre la Esquizofrenia y el Trastorno Psicótico Incipiente. Madrid: Plan de Ca­lidad para el Sistema Nacional de Salud del Ministerio de Sanidad y Consumo. Agència d’Avaluació de Tecnologia i Recerca Mèdiques; 2009. Guía de Práctica Clínica: AATRM. Nº 2006/05-2.
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