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¿Es posible conducir después de un Traumatismo Craneoencefálico?

Volver a conducir es un objetivo muy frecuente en personas que han sufrido un traumatismo craneoencefálico (TCE).

De hecho, la conducción se ha identificado como uno de los determinantes de la calidad de vida más importantes de las personas con lesiones cerebrales.

Como conducir permite la participación en distintas actividades cotidianas, es normal que perder este privilegio afecte de forma negativa a la independencia, el grado de bienestar y la integración en la comunidad. Además, en el plano emocional, dejar de conducir se vincula con un aumento de la tristeza y depresión.

conducir tras un TCE

Hay muchas personas que creen que están preparadas para conducir después de haber sufrido un TCE. Sobre todo, si llevan un tiempo acudiendo a rehabilitación. Sin embargo, puede que esto no sea lo más acertado.

Es posible que después de la lesión, permanezcan algunas secuelas de las que quizás no sean conscientes. Aunque a simple vista no lo parezca, estas alteraciones pueden ser muy peligrosas en la carretera.

Conducir es una de las tareas más peligrosas que realizamos en nuestra vida diaria. Supone una tarea compleja que necesita la integración adecuada de varios sistemas: perceptivos, físicos y cognitivos.

¿Cómo afecta un TCE a la capacidad de conducción?

Cualquier daño cerebral puede producir déficits en habilidades que son imprescindibles para conducir de forma segura. Por ejemplo, el afectado puede tener dificultades para:

– Mantenerse concentrado durante largos periodos de tiempo.

Reaccionar a tiempo ante diversos sucesos.

Coordinación ojo-mano.

Memorizar las direcciones o caminos correctos.

– Mantener una posición constante en un carril, etc.

Estas posibles dificultades provienen de las alteraciones que acompañan al traumatismo, que pueden ser:

Alteraciones físicas

Pueden existir problemas de coordinación, parálisis, paresias, o espasticidad (elevada tensión muscular en ciertas áreas).

Alteraciones sensoriales

Como déficits en la audición, pérdida de agudeza visual, hemianopsia (pérdida de la mitad del campo visual), alteraciones en la percepción de la profundidad o el contraste, o problemas en los movimientos oculares.

Alteraciones cognitivas

Velocidad de procesamiento enlentecida, déficits en la atención y concentración, heminegligencia, problemas visoespaciales, etc.

Alteraciones en la conducta

Como impulsividad o poca tolerancia a la frustración.

A esto se le añade los efectos secundarios de los fármacos que pueden tomar las personas después de un TCE. Muchos de ellos provocan somnolencia y en su prospecto recomiendan no conducir.

No obstante, entre el 40 y el 60% de las personas que han sufrido un traumatismo moderado o grave vuelven a conducir después del daño. Hay investigaciones que indican que muchos de estos pacientes pueden conducir con éxito y de manera segura si se les da la formación adecuada.

Si hay dudas sobre la preparación del afectado para conducir, lo ideal es que se realice una evaluación completa de sus capacidades. Así los profesionales podrán determinar si el paciente está listo para conducir o no. Es importante que estas personas sigan los consejos de profesionales sanitarios y familiares.

Puede ser necesario acudir a un Centro Oficial de Reconocimiento de Conductores de la DGT para obtener o prorrogar el permiso de conducción. El personal realizará las pruebas oportunas y revisará los informes médicos para decidir si debería denegar el permiso de conducir, limitarlo o interrumpirlo por un tiempo.

En algunos casos pueden poner límites a la conducción. Por ejemplo, que usen el coche con menos frecuencia o cuando haya luz del día, en rutas más cortas o familiares, o en momentos de menos tráfico.

Por otro lado, es posible llevar a cabo una adaptación del vehículo. Por ejemplo, colocar el embrague, el freno o acelerador en la zona manual.

Referencias

  1. Schultheis, M. T., & Whipple, E. (2014). Driving after traumatic brain injury: evaluation and rehabilitation interventions. Current Physical Medicine and Rehabilitation Reports, 2(3), 176–183. http://doi.org/10.1007/s40141-014-0055-0
  2. Conducir después de un daño cerebral. (12 de enero de 2017). Obtenido de Neurex: http://neurex.es/conducir-despues-de-un-dano-cerebral/
  3. Driving After Traumatic Brain Injury. (s.f.). Recuperado el 30 de marzo de 2017, de Model Systems Knowledge Translation Center: http://www.msktc.org/tbi/factsheets/Driving-After-Traumatic-Brain-Injury

Cinta Martos Silván

Licenciada en Psicología en la Universidad de Huelva. Máster en Cerebro y Conducta (Universidad de Sevilla). Redacción de artículos de divulgación principalmente sobre neurociencia. Especialista en Neuropsicología.

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